Las más de esas máquinas son variaciones de la máquina de coser comun. Sin embargo, es digna de mencionarse una en que la costura se hace con hilo de alambre y se adapta á los lomos resistentes de algunos libros.

Al fin de uno de los salones del departamento de encuadernacion, hay una especie de escondrijo con un estanquecito de agua sucia, que tiene ollas de pintura á los lados. Allí se hace el papel jaspeado y se jaspean los cantos de los libros. El artesano encargado de este trabajo, es un hombre seco como un bacalao, rubio y desdentado, de dedos largos y una fisonomía como de pájaro.

La agua que contiene el estanquecito está preparada con goma y no sé qué otros ingredientes. Sobre la tersa superficie de aquella agua, sacude sus brochas con pintura el artesano, quedando sobrenadando gotas azules, amarillas, verdes y rojas, blancas y de los colores que se quieren combinar: despues de esta operacion, se pasan unos peines sobre el agua, y con el extremo de la brocha queda hecho el jaspe; entónces se sumerge de canto el libro y se imprimen esos dibujos caprichosos, esos mosaicos de colores que tienen hermosura especial en algunas ediciones de Appleton.

El órden y el silencio que reina en todos los salones, la exquisita combinacion de la economía con la hermosura de las ediciones, hacen de aquella fábrica un objeto de estudio.

Muchas de las ediciones que publica la casa son pintorescas; y allí se ven esas ediciones tersas que encantan; esos grabados que compiten con los prodigios del buril inglés; y esas impresiones de dos y más tintas, que hacen de cada mapa un dechado de pureza de ejecucion.

A mí me desesperaba considerar la baratura increible que se podria alcanzar en estos libros de educacion, y que no se logrará nunca, miéntras no se ponga el papel libre de todo derecho.

¿Cómo es que se quiere proteger una industria que no tiene elemento ninguno de vida propio? ¿Cómo se ama el trabajo, y el resorte que lo hace más fecundo, que es la instruccion, se encarece y escasea? Los libros que se dan aquí por diez centavos, en México sacan un costo de cincuenta. ¿Cómo es posible marchar con estos obstáculos, que cria la barbarie y se respetan, en el camino de la civilizacion?

De todas las manifestaciones estúpidas que tiene en México la proteccion de la industria, ninguna me parece más censurable que la que da por resultado la carestía del papel.

El Sr. Veillet todo me lo explicaba con suma paciencia y bondad, haciendo en todo observaciones oportunas y dejándome muy sinceramente agradecido á sus finezas.

—Ya que he leido á vd. mis apuntaciones en la casa de Appleton, dije á mi amado amigo P. de Leon, quisiera me dijese vd., á quien creo muy competente, lo que hay sobre periódicos; porque venir á los Estados-Unidos y no hablar de periódicos, es ir al mar sin quererse acordar del agua.