La sola inmigracion irlandesa de 1846 á la fecha, se calcula en dos millones de almas.

En 1869, llegaron de Alemania 132,537; 60,286 de la Gran Bretaña; 64,938 de Irlanda; 24,224 de Suecia; 20,918 de la América Septentrional inglesa; 16,068 de Noruega; 12,874 de China; 3,879 de Francia; 3,650 de Suiza; 3,649 de Dinamarca.

De estos inmigrantes fueron: 88,649 obreros; 28,096 labradores; 16,553 artesanos; 10,265 sirvientes; 8,809 mercaderes, etc., etc.

La inmigracion se ha verificado en los términos que vamos á exponer, suponiendo un contingente en cualquiera de los años anteriores, de 345,837 emigrantes:

Nueva-York253,754
Michigan35,586
Boston23,294
San Francisco13,490
Baltimore11,202
Portland4,026
Nueva Orleans3,424
Filadelfia1,061
2345,837

El reparto sigue invariablemente la proporcion de la demanda de brazos, y la facilidad del trasporte distribuye los elementos de vivificacion donde son más necesarios.

El pasado año fiscal disminuyeron en mucho los emigrantes, atribuyéndose á repulsion por el mal estado de los negocios, que sufren indudablemente una crísis en su conjunto.

La inmigracion ha hecho tan sensibles sus beneficios, que un sentimiento unánime la acoge con benevolencia, porque realmente, con especialidad en Nueva-York, se arriba á un país de extranjeros; pero los muchos que se encuentran en una misma situacion, se buscan, se agrupan, se estrechan, revisten con la poesía de los recuerdos sus costumbres, se congregan al rededor del templo y se señalan como puntos luminosos en los paseos y en los teatros.

La conveniencia de la especulacion rodea al extranjero de medios de comunicarse; en los establecimientos públicos se habla frances con generalidad; los sirvientes que saben dos ó tres idiomas tienen más pingües salarios que los otros; en varias peluquerías y tiendas está escrito en letras muy perceptibles: Se habla español, y no es raro que al entrar uno en una tienda, le saluden con un buenas noches que lo deja frio, para dar á entender el comerciante que conoce el idioma de Cervantes.

A pesar de la confusion descrita, por regla general, las mujeres y señoras europeas son las que reniegan más desvergonzadamente á su nacionalidad.