—Sucede que en medio de las muchas inconsecuencias y contradicciones que tienen estos hombres en su gobierno, y no obstante ser los más suspicaces en la defensa de su nacionalidad, al extranjero le llenan de consideraciones, le abren las puertas de los destinos públicos con poquísimas trabas, le garantizan en el interior plena libertad y seguridad completa para su persona y bienes, y esto es lo que da el Gobierno.... y no mas, ¿entiendes? libertad, seguridad y tierras baratas.

—Hombre, pero yo he visto una que llaman aquí Homestead-Law, que trata de colonizacion.

—No es cierto, mírala bien; esa ley determina las condiciones que hay que llenar para adquirir tierras, y ni siquiera se refiere á los inmigrantes en particular.

El Gobierno, es cierto, posee sobre cuatrocientos millones de acres en quince Estados de la Federacion; en los territorios tendrá otro millon.

De 1874 á 1875 se vendieron nueve millones de acres.

El precio de las tierras es en lo general un peso veinticinco centavos por acre, y en las inmediaciones de los caminos de fierro dos pesos cincuenta centavos por acre.

Pero, continuó Francisco, con la elocuencia natural que tiene cuando se exalta, no pierdas de vista que estos no usan jamás la palabra colonizacion; nada indica sumision ni dependencia: el ingreso del extranjero es insensible y asegurado por hechos positivos.

Si emigra el extranjero á su país despues de naturalizado y allí se le molesta, se le ampara como americano con toda la energía del poder nacional. Así sucedia cuando los alemanes, huyendo de la conscripcion de la guerra, vinieron y se naturalizaron: al regresar á su país se les quiso perseguir, y allí los amparó el poder americano.

¿Qué más? Shurtz, el sabio ilustre, el orador eminente, el ministro del Interior hoy, ha llegado aquí como un fugitivo escapando como liberal á una cruel persecucion.

El menestral europeo que nació en una condicion humilde; el agricultor que hizo brotar de la tierra regada con su sudor, los títulos que merecen la honradez y el trabajo, no puede alternar con la gente decente: se le despide de los salones aristocráticos, se le humilla, y solo por contadas excepciones se le admite en el ejercicio del poder.