Casa de Hallen.—Zapatos para caballos.—Máquina pulverizadora.—Molino de viento aplicado al riego.—Recuerdos.—Los cepillos de dientes.—Los wagones.—Reloj inspector.—Mi tertulia.—Los criados.

Entramos á la Casa de Hallen, que se compone de grandes galeras con toda clase de instrumentos y máquinas para la agricultura.—Ví en las paredes podaderas y tijeras adheridas á palos que prolongan sus piernas, y con las que se alcanzan grandes alturas.

Zapatos para el resguardo de los piés de los caballos, que hacen fáciles sus curaciones. Esqueletos de alambre para enredaderas y adorno de jardines.

—Ahí tiene vd. todo un trapiche, me dijo, al alcance de las fortunas más módicas. Esos alambiques duplican el rendimiento de las mieles.

Ese rastrillo para desenyerbar, apénas vale nueve pesos.

Este curioso aparato es para hacer mantequilla; lo mueve un perro, que al querer ó no, da vuelta á ese cilindro.

Esa parrilla con picos de fierro es una rastra: tiene diez piés de ancho, se mueve expedita con un solo caballo: cuesta solo veinte pesos.

La máquina que está á su espalda de vd., es lo que se llama grada pulverizadora. Pulveriza perfectamente la tierra, funciona muy bien en terrenos húmedos. No obstruyen su marcha las raíces: vale treinta pesos.

Cardadores, sembradores, todo lo que quiere decir ahorro de trabajo, produccion mayor, baratura, está previsto y conciliado en aquellos esclavos bienhechores del hombre.