VIAJE DE FIDEL
LIT. H. IRIARTE, MEXICO
El Parque Central.
Monstruos acuáticos, viajeros del abismo; unos, como animales desconocidos; los otros, como aves abriendo las alas de sus blancas velas.
A lo léjos, y como saliendo del mar, las arboledas, las cúpulas, el caserío, las torres como barcos más gigantescos, como si anduvieran sobre las olas; en un extremo Broklyn; en el otro las colinas y campiñas de New-Jersey; al frente, los fuertes con sus monstruos de bronce, como bostezando á la orilla de las aguas.
La mano ejercitada de los conocedores, señala al rededor de aquel mercado los buques que contienen los efectos que producen afanosos los Estados del Oeste, que son granos, harinas, carnes saladas, madera de construccion, verduras y flores.
Más adelante se ve descargando su plomo el Missouri; el Lago Superior su cobre; Virginia y Mariland agitan como palmas sus hojas de tabaco, en competencia con los gigantes del Kentuky.
La Nueva Inglaterra hace alarde en el muelle de sus pescaderías y sus manufacturas; Pensylvania, titánica, espera que se acerquen á sus naves los mercaderes por su carbon y su fierro; los Estados del Sur ofrecen en el altar de los cambios, como prenda de reconciliacion, su algodon y su arroz; y California deja caer á los piés de la metrópoli del cambio, sus vinos, su oro y sus millones de plata.
Nueva-York, como en medio de una corte de soberanos, recibe esos productos y esparce en cambio sus frutas, los vinos de la Francia, el café del Rio Janeiro ó de Java, el azúcar y las frutas de la Florida y de la Habana, el thé de China y del Japon, venido de San Francisco, las lanas de la Plata y Australia, los tejidos de Europa y los perfumes de la India.
El estúpido proteccionismo americano tiene una derrota contínua con ese espectáculo de los cambios.
Adela estaba satisfecha de verme tan pregunton y tan entrometido. Yo no sé cómo explicar á tan distinguida señorita mi gratitud.