—Mucho que se regularizan: á la oracion de la noche no arde lumbre en ninguna parte; y ya vd. lo habrá visto, el dia que hay una necesidad, uno va á las grozeries por lo más preciso.
—Pues yo en los hoteles en que he estado he visto servir á las irlandesas, como no es decible, y en general son laboriosas, seguras, y la que se aquerencia en una casa, es inmejorable.
—Hay de todo, replicaba Doña Ambrosia, y como vdes. no lidian con ellas.... No, yo no estoy por esas igualdades.
—Entremos en cuentas: ¿qué tenemos de más que los criados? ¿No valen más un cochero honrado, un cocinero hábil y cumplido, un cargador puntual, que multitud de vagos petardistas y demás gente perdida? Entre nosotros, ese cochero y ese camarista es un animal doméstico: aquí es un hombre.
Por otra parte, la criada presa es perezosa y ladina; no habla á la señorita como igual, pero la adula y se convierte en su complice, ó bien chismea y se hace el espía de la vieja. El nene de la casa no la pedirá en matrimonio, pero la seducirá como un vil y se le lanzará con infamia de la casa, aunque lleve consigo algo muy allegado á la familia.
—La educacion latina y colonial, decia D. Pedro. ¿Cómo atreverse á pensar los siervos? ¿cómo vestir el lacayo como el señor? De ahí esas libreas que hacen de cada criado un polichinela, que lleva como una patente de degradacion á cuestas. Ese cochero de escarapela de cintas y alamares, ese joquey vestido de encarnado, es el hazme reir.... Aquí el cochero viste lo propio que cualquier diputado, porque es lo mismo, y el dependiente de hoy, puede ser nuestro juez mañana. En Nueva-York se usa la librea, sin que por esto deje el cochero su carácter de ciudadano: la librea es más bien institucion de lujo europeo.
—Así es en todo, replicaba Pepita: nosotros teniamos distinciones para todo; aquí todo se iguala. Vd. lo ve, teniamos la costumbre de ver al vecino de limpiabotas; hizo un viaje, volvió poderoso y acaba de mudarse á la Quinta Avenida, á una casa mucho mejor que esta.
—Decimos igualdad, clamamos por ella y nos espanta verla aquí realizada, decia D. Pedro.
—Bueno será todo esto, decia D. Ramon; pero la educacion es una distincion que se impone, aunque dominen las ideas más liberales.
—Para eso que la eleccion depende de uno, replicaba Juanito; y cuando se elige mal, nadie tiene la culpa sino el que eligió.... ¿Vdes. conocen á mi amigo Eduardo Piña?