II
La gran tienda de Stward en Broadway.—Lord y Taylor.—Ropa hecha.—Ropa-vejeros.—El Cementerio de Greenwood.—Un romance.
Ya que tuvo el lector la paciencia de acompañarme al Mercado; ya que fué tan complaciente que no se asustó con su nomenclatura y sus detalles, demos por vía de descanso una ojeada á establecimientos de otro género. Las tiendas de ropa, por ejemplo, y los depósitos de ropa hecha.
Entre los primeros descuella sin rival la tienda de Stward, que es aquel grande edificio que distinguimos en Broadway, de cristales, fierro y mármol, ocupando una manzana entera sus columnas, sus pórticos, sus hileras de arcos con ventanas rasgadas, y su magnificencia indescribible.
En el interior forman calles las armazones y mostradores con sus asientos de trecho en trecho, de la forma de los asientos redondos y giratorios que se usan frente á los pianos.
Centenares de dependientes por la parte exterior de los mostradores, sirven á la concurrencia inmensa y de exquisita elegancia que se agolpa á la tienda, y entra y sale por las muchas puertas que tiene á todos los vientos.
Hay departamentos enteros servidos por jóvenes, en quienes compite la educacion finísima, con la hermosura.
En el centro de las calles de estantes y mostradores, se abre una rotonda espaciosa cubierta de cristales, que derrama su luz vertical sobre los cinco anillos de los pisos, cada cual con sus columnas y barandales elegantes.
Cuando se contempla ese centro, que es como un teatro ó como un templo; cuando se está bajo la atrevida cúpula de fierro y vidrieras, se confiesa sin embozo que aquel es el primer establecimiento del mundo en su género.
Las calles paralelas de esta alcaicería de cristales, porque así la quiero llamar para inteligencia de México, cada una tiene en su calle especialidad para las ventas.