—Ahora suba vd. en ese otro wagon que regresa.

Volvíme á ver quién me daba órdenes tan terminantes, y ví el cuerpecillo flaco, los ojos azules y la poblada patilla rubia del Dr. Enrique Agramonte, persona que honra por sus talentos y virtudes el nombre de Cuba, su patria, en la Ciudad Imperio.

El Dr. Agramonte es hermano del héroe ilustre Lic. Ignacio Agramonte, uno de los primeros y más esclarecidos caudillos de la independencia de Cuba: hizo sus estudios en su patria.

Cuando en 11 de Noviembre de 1868 estalló el grito de Bayamo en el glorioso levantamiento del Camaguey, se vieron á los dos hermanos Agramonte, que habiendo dejado su posicion social y sus fortunas, empuñaron las armas como últimos soldados y figuraron en esa série de combates que forma un proemio brillante á la Iliada de la independencia de aquella perla de las Antillas.

El padre y las hermanas de los jóvenes patriotas vinieron á residir á Nueva-York.

Orador elocuentísimo, sabio en el consejo y arrojado en la lucha, el Lic. Agramonte prestó eminentes servicios á la patria, hasta ser llamado al ministerio, que renunció por seguir al frente de las tropas, entre las que gozaba merecido prestigio.

Encontrábase la lid muy empeñada, cuando recibieron los hermanos Agramonte la noticia de la muerte del padre y del desamparo en que la familia quedaba.

Con tan funesto motivo, vino á Nueva-York mi amigo D. Enrique. Aquí recibió la noticia de la muerte de D. Ignacio, acaecida en la sangrienta batalla del Sinaguayu (11 de Mayo de 1873), cargando á la bayoneta al frente de sus tropas, y dejando en la desolacion á su familia y su esposa, que vió el cadáver del que tanto amaba, cuando aún brillaba en el cielo de su corazon la luna de miel.

Mi amigo Enrique, hecho cargo de la familia, recurrió á su profesion, en que sobresalia: se opuso á una cátedra en uno de los hospitales de más nombre, y la obtuvo, siendo cada dia más considerado en esta sociedad por su ciencia y virtudes.