Apénas se anuncia una embarcacion, cuando como por mágia se desarticula el puente: toda la parte central, con la casa, los viajeros y carruajes, vuela sobre las aguas y queda suspendida siguiendo la corriente, miéntras altivo y resoplando cruza el vapor. Entónces vuelve á girar la parte separada, y se ajusta y continúa el tránsito.
El espectáculo fué para mí de todo punto inesperado; me tocó girar en la parte que se abre, y ví cruzar, como en un desvanecimiento, casas, árboles, navíos, caballos y carruajes.
El Puente de Harlem excita con mucha razon la curiosidad de los viajeros.
Regresó el doctor en compañía de un estudiante de leyes, habanero despierto, audaz, abusando del acento del país natal y dando suelta á esa suficiencia y á ese desenfado, patrimonio de los primeros años.
—Quite vd. de ahí, hombre, estos no son estudios ni valen un ardite, principalmente tratándose de medicinas.
Aquí el primer perillan que coge un poco de tizne de la cocina, le echa agua y unas gotas de álcali, ya puede pedir patente y salir por esos mundos de Dios curando con su Black watter, lo mismo los callos que la retina del ojo.
—No niego que hay mucho humbug y mucha droga; pero hay sabios de primer órden en el ejercicio de mi profesion.
—Yo no me meto en personalidades, replicaba el letrado de Puerto Príncipe; pero vd., caballero, decidirá. (Aquí fueron los saludos y las presentaciones.)
—Figure usted, siguió diciendo con suma animacion: aquí, para el estudio de la medicina, á nadie se pregunta, ni de dónde vienes, ni qué sabes. A Perico el de los Palotes se le viene á las mientes ser médico, y no hay más sino que se inscribe á los cursos.