Enrique me decia:
—Como este hospital hay muchos: el de Belevue es un modelo, y hay verdadero esplendor en cuanto á los aparatos é instrumentos médicos que se fabrican en los Estados-Unidos con toda perfeccion, aunque haya persona que prefiera los franceses.
En estas conversaciones descendimos las escaleras todas, siempre conducidos por nuestra amable guía.
Estábamos en un extenso salon dividido por hileras de columnas y dispuesto con extraordinaria decencia, con sillas, mesas y cierto aparato de bienestar.
—Este es el bassement, me dijo la señorita Jhonson, y el salon el que se destina á las consultas de los pobres.
Los médicos todos del establecimiento tienen obligacion de pasar aquí cierto tiempo atendiendo á las consultas de los infelices, suministrándoles la casa, las medicinas y los cuidados en operaciones ligeras.
—Además, añadió Enrique, hay multitud de boticas que tienen sus asignaciones para los pobres, sostenidas por las Juntas de caridad. Es increible el número de personas que disfrutan de este beneficio, que en obsequio de la verdad, desempeñan siempre con el mayor gusto y con provecho, porque aquí la gran dificultad es darse á conocer.
Nada es exagerado, continuó con calor Enrique, de cuanto hayan dicho á vd. respecto de beneficencia y caridad en Nueva-York.
Como vd. ha visto, la grande iniciativa parte del impulso privado: el Gobierno se adhiere á lo establecido, desprendiéndose de la administracion oficial.
Con razon ha dicho el sabio Sr. Bachiller, que no es posible, en su juicio, que en ninguna otra parte del mundo tenga representacion más completa la beneficencia.