XIII

Mi tertulia.—Charla benéfica.—Iglesias Bautistas.—Casamientos.—Entierro.—Pick-nick.—"Reception,"—La Policía.—Las Comisarías.—Penitenciaría.—Blakwell's.—Barbaridades.—Huelgas de obreros.—Matanzas y horrores.—Un "meeting."—Mi viaje.—Mi tertulia.—Otra vez los huelguistas.—Reflexiones sobre los obreros.

Quede rendido de mi visita al Hospital de Mujeres: en la noche, y por vía de descanso, fuí á la casa de D. Ramon, en donde estaba, como nunca, animada la tertulia.

El calor era sofocante: á la entrada de la casa, que no puede llamarse zaguan, estaban las señoras y señores formales; las señoras, en una especie de balconcillo contiguo, tenian sus sillones; el resto de la concurrencia estaba en tapetes, sentada en los peldaños de la escalera. Los chicos subian y bajaban entre la concurrencia, juguetones y risueños.

—Mucho se habrá vd. entretenido en el Hospital de Mujeres, me dijo D. Pedro: cada uno de esos establecimientos tiene mucho que estudiar.

—En efecto, repuse yo; pero quedé rendido: al menor esfuerzo, me sale lo viejo por todas las costuras.

—¿Hay muchas enfermas? preguntó D. Ramon.

—No las pude contar, repliqué, porque han ido al campo, como es costumbre.

—No vaya vd. á creer, interrumpió Doña Ambrosia: ¿ve vd. ese gimnasio, y esas espaldas, y esas fuerzas de gañanes que tienen las mujeres? pues realmente son muy enfermas. Vd. figúrese: á los ocho dias de recibir éstas un niño de Francia, andan saltando como unas cabras por esas lomas.