En ese particular, y aunque esta sea una divagacion, poco hay que sea comparable con lo que aquí se ve.

En las cajas de los correos que están al pié de los faroles de las calles, no caben los periódicos; eso no importa, la gente los amontona, sellados y listos por la parte exterior, sin que nadie se atreva á tocarlos.

En los ómnibus, hay cajitas en que el público mismo deposita el dinero, y no se da caso de reclamo porque la negligencia ó la malicia se sustraigan al pago. Yo he visto á un muchacho encontrarse un guante en una banqueta, en la plaza de Union Square. Vagó el chico con el guante en la mano, no halló á su dueño y lo clavó con un alfiler á un árbol, donde vino á recogerlo una señora despues de media hora.... Por supuesto que hay sus rateros.... pero.... no se quebranta con jactancia el sétimo mandamiento.

Despues del establecimiento de Stward, debe mencionarse el de Lord y Taylor.

Se dignó mostrarme esa tienda el Sr. Delmote, nativo de la Habana, con singular cortesía.

Lo que llaman el bassement ó subterráneo, son amplísimos salones con robustas columnas. Están los salones, aun á la mitad del dia, iluminados por gas.

Allí ví en mamparas encuadernadas como libros, las muestras de los hules para el suelo; allí camas de primavera con una tela de alambre como colchon de verano; allí camas á dos pesos, formadas de tablitas flexibles y mullidas como plumas.

Se asciende por elevador á los varios pisos del edificio.

Uno de estos pisos está reservado á corsés de todas las formas, listos para recibir hasta las confidencias de un esqueleto y trasformar las momias en beldades.

Hay por centenares crinolinas, tontillos y cosas que figuran como perfecciones y presentan allí su triste realidad.