El departamento superior lo ocupan los muebles, con sillones que ponen en olvido las fatigas, tocadores que adulan, lechos que hacen cerrar voluptuosamente los ojos, de dulce y apacible sueño.

En los establecimientos de ropa hecha y sastrerías para hombres, se deja entender que hay muros de chalecos, torres de pantalones y montañas de levitas. Vease si no, la sastrería de Deblin y C.ª, y la de Brooks.

Son como la contrapartida de tanto lujo, como la caricatura de tan deslumbradoras grandezas, como la carcajada homérica de esas manifestaciones de opulencia, las roperías ó establecimientos de segunda mano (Second Hand).

Aquello sí que es gresca; es, como quien dice, las casas de inválidos de la ropa.

Se anuncian las crinolinas suspendidas á las puertas haciendo la rueda, abiertos de brazos sacos y levitas, moviéndose cancaneros los pantalones, y los sombreros de los dandys y los gorrillos de las ladys gesticulando, con el pelo raido, con las plumas tiñosas y como mojadas.

Esa segunda mano es la charlatanería del trapo, el cinismo del forro humano, pero á la vez la chanza y el fraude, el panteon y la orgía....

Es un meeting de viejos verdes contando sus aventuras.

Y no solo son vestidos, sino que figuran en el pandemonium, anteojos y soguillas, guantes y anillos, cruces y relicarios con todo y retrato, anteojos de teatro y libros hasta por un centavo....

Hé ahí la filosofía hecha trapo, el amor enseñando el cobre, la gloria ántes de envolver botones, el desengaño en su expresion más grotesca.... Y sin embargo, esos despojos reaparecerán sobre las formas humanas..... como nuevos.

Los ropa-vejeros no son desconocidos en ninguna parte; cada tienda de empeño en México, es un establecimiento semejante á los descritos. Pero la dedicacion á la segunda mano, la especificacion del tráfico, es lo que llamó mi atencion en Nueva-York. Este tráfico es especialmente de los judíos.