Las vociferaciones de la prensa se valorizan por el buen sentido, alimentado por la instruccion universal, y los grupos de alborotadores pasan como compañías de cirqueros, en medio de la indiferencia de la gran masa que garantiza la paz.
En las fábricas, otra es la cuestion; pero con todo, no tenderá sus brazos la Comuna, no encenderá sus hogueras el petróleo, no recorrerá la internacional los pueblos, con su cortejo de furias del hambre.
Franceses, irlandeses y alemanes comunistas, vagos de todas las naciones, derraman en frio sus reminiscencias; y aunque la parálisis de los giros es una gran calamidad, se espera que sea la perturbacion un mal pasajero, y se vuelven los ojos á los buenos principios para encontrar de una manera cierta la paz.
Yo tenia dispuesto mi viaje para el dia de ayer. Los trastornos que acabo de referir me tienen como preso, devorando el fastidio.
—Todo eso que vd. escribe, me decia Doña Ambrosia los otros dias, está muy bueno y á mí algunas cosas tal parece que las estoy mirando, sin quitarles pelo ni tamaño; pero convenga vd. en que se le va la mano en la miel cuando describe á las mujeres, y no es eso bueno, aunque la pique de galante.
—Pues yo no he visto nada de eso, dijo Adela, agitando su abanico y dejándose ir hácia adelante en su mecedora.
—Oh! si en esos cuadros de Fidel, las ladies son divinas: ¡qué airosas! ¡qué instruidas! ¡qué expeditas!
—Y no lo podemos negar, mamá; sorprende el número de mujeres hermosas; y si no, dé vd. una vueltecita por Broadway cualquier sábado, y deslumbra tanta elegancia y tanta hermosura.