—Todo estará muy bueno; pero vd. no ha pintado una mujer dándole el brazo al hombre y el hombre dejándose llevar, como no está en el órden; nunca ha dicho vd. que señoras que por tales pasan, alzan sus piés como cualquier macho y los ponen á la bartola miéntras leen su periódico; y en esto del abanico, se lo pegan como clavado en medio del pecho, y allí sacuden, sin aquel garbo ni aquel no sé qué de nuestra raza.

—Pero, mamá, esas son pequeñeces que no hay para qué mentar.

—Tampoco dice Fidel, continuó implacable Doña Ambrosia, que mucha de esa suelta y de esa libertad de los niños, depende de que no los soportan dentro de las casas, en donde acaban con las alfombras y hacen guerra á los muebles y al aseo; hay muchos bordings en que no se admiten á los huéspedes con hijos: sobre todo, mal se avienen esos chiqueos con señoras que andan en la calle.

—Está muy bien: podrá suceder lo que vd. dice, mamá, replicó Adela; pero pierde de vista aquí á los muchos aventureros y gente ordinaria, que hace cosas que les achacan á los extranjeros, como por ejemplo eso de la bebida. Bebe más siempre un irlandés que dos yankees: si no, vea vd. ese vecino.

El vecino es un propietario que pasaba casi en paños menores y sin sombrero, con su inmensa jarra en la mano, y de varias casas salian gentes con jarrones semejantes, como en procesion, por el Leager Ber.

—Espanta lo que se bebe aquí diariamente: D. Pedro tiene pruebas, por esos libros que él lee dia y noche, que este es el país del mundo en que se bebe más.

Estábamos entretenidos en esta plática, cuando llegó D. Ramon trayendo las noticias últimas del telégrafo: eran las diez de la noche.

—En Chicago, nos dijo, los huelguistas hicieron un grande empuje para entregarse á los mismos desórdenes que en otras partes. La fuerza federal tomó parte: reforzáronse las filas de los insurrectos hasta en número de diez mil, que se abalanzaron sobre la tropa. Esta hizo jugar la artillería, y han corrido rios de sangre entre montones de cadáveres. Se cree que la chusma sucumbirá y todo quedará en paz.

—Ya vd. sabrá del meeting de anoche; hizo fiasco, como lo preveiamos: se reunieron ménos de mil personas. Aquí todo el mundo puede gritar "¡viva!" los "mueras" se reprimen. Anoche, al primero y único "muera," sacaron sus cuellos cuatro ametralladoras, y se acabó el desórden.

A todos los edificios públicos se dió la órden de que tuvieran en las calderas agua hirviendo, para lanzarla á chorros sobre los amotinados.