En lo que se llama juego de facturas, que se tienen que poner marcas, números y la complicadísima nomenclatura de nuestro arancel, la factura que sirve de manifestacion al comerciante, que se haga en buena hora; ¿pero qué tiene que ver con la copia para la aduana, ni la que vaya al Ministerio de Hacienda? Si esos son documentos ó comprobantes del mecanismo de la oficina, ¿por qué no los hacen los empleados?

Por otra parte, la rigidez en la nomenclatura es motivo de extorsiones al comercio. El dia que en vez de pasas se pone fruta seca, aunque sea lo mismo, se expone al comiso el comerciante. Poner lienzos por tejidos, ó vice versa, es blasfemia aduanal, lo mismo que poner elástico por resorte.

La maicena paga derechos, y la harina de maíz que se hace de maicena es libre.

En las drogas medicinales, cada vez que se pone la mano se echa á perder más el arancel, al punto que siendo en cuanto á la cotizacion uno de los ménos tiránicos, la nomenclatura, las fórmulas y su pésima regularizacion, lo hacen odioso y brutal.

Vea vd. por encima, dije tomando el arancel mexicano y señalando al vuelo algunos artículos.

Pianos.... regulados por el peso bruto....

—Por supuesto no fué mal bruto el que incurrió en la confusion.

—Soda cáustica para jabon, paga más de lo que vale.

Clavo de especia, canela.... En fin, chicos, doblemos la hoja, que esos caballeros que están á la puerta me esperan para que vayamos á comer.

Aquellos bienhechores mios, aquellos mis redentores del arancel de aduanas, suelen llamarse Jacinto Gutierrez, Bonald y Luis F. Mantilla, que llegaban asistidos de los dos grandes elementos que se necesitan para toda comida: mucha hambre y muy buen humor.