La gratitud pública repite ese tradicional episodio: cuando humeaba la piedra, cuando las víboras de fuego ceñian el edificio haciéndolo bambolear como ébrio; cuando se hundian con estrépito los techos, y los gemidos cruzaban el viento, y los alaridos de angustia y dolor hacian temblar la ciudad entera; cuando este espectáculo de destruccion se enseñoreaba y sobrecogia de espanto, se notó en las alturas de un edificio un niño que corria en las citarillas salientes á la calle, próximo á perecer, tan rubio, tan hermoso, tan delicado.... Uno de los bomberos lo percibe.... no vacila un instante, escala, se encarama, las piedras que se desmoronan esperan que pase para caer.... parece que le hace paso la llama.... desparece entre el humo.... la ansiedad por su vida es mortal.... el humo se disipa; él aparece en la altura con el niño en los brazos.... una ráfaga de felicidad iluminó las almas.... el descenso comienza.... va descendiendo entre una granizada de piedras, de cristales despedazados, de plomo y hierro fundido.... hubo un momento en que el tránsito fué imposible.... faltaba piso, la ceja de pared que sustentaba al héroe, se desgranaba.... el niño veia absorto á su salvador, le tenia abrazado su cuello.... la muerte era indefectible: todos llevaron las manos á sus ojos para no presenciar la horrible catástrofe.... entónces el bombero cogió al niño, lo acomodó sobre su pecho, como en una cuna, puso en hueco sus brazos para defenderlo, y se precipitó de espaldas desde la inmensa altura.... haciendo que de sobre su cuerpo despedazado se quitase al niño, sano y salvo.... El hecho es de aquellos que son gloria y orgullo de la humanidad. El monumento de los bomberos es hermoso, y es hermoso porque motiva la eterna ovacion que justamente se rinde á esa institucion sublime.
El monumento consiste en una columna piramidal que descansa en un macizo pedestal de mármol, con planchas de granito. El bombero tiene una expresion sublime. Uno de sus brazos rodea al niño, defendiéndole de la llama; en la otra tiene la trompeta que distingue al bombero, y cuelga á su lado una linterna. Sobre las cuatro pilastras de otro monumento, se extiende una pequeña bóveda, y en ella hay figuras alusivas al Cuerpo de Bomberos.
Siempre siguiendo entre lápidas, obeliscos, estatuas y pirámides, me detuve á leer el epitafio de un bravo marino, que él propio construyó su sepulcro y lo tuvo en espectativa de su mansion, diez y ocho años.
El monumento de la jóven Carlota Canda, es una grandeza de Greenwood; es casi un templo ceñido con su balaustrada de fierro y custodiado por ángeles.
La jóven á quien se dedica el monumento, tenia diez y siete años; las gracias coronaban su frente; la felicidad tendia á sus piés alfombras de flores.
Regresaba de un baile con su padre y una amiga. En el baile habia sido el rayo de sol, el canto de jilguero, el celaje de oro de la reunion.
Detúvose el carruaje que la conducia cerca de Broadway: el padre descendió á dejar á la amiga; el cochero dejó el pescante; cayeron las riendas; los caballos, desbocados, azotaron el coche contra una esquina; la niña cayó al suelo despedazándose el cráneo.
En medio de la magnificencia de este monumento, se oye gemir á la piedra, se ve llorar el mármol; el dolor paternal se ve extendido en aquel refinamiento artístico.... es una novedad del dolor; martiriza aquella riqueza.
En el gran Cementerio, muy particularmente en los escalones superiores de las altas columnas, se ven puertas de granito, tan misteriosas y severas, que son propiamente pórticos de las sombras, puertas de recepcion de la eterna noche.