Y él contestó: "Jamás."

Y desde aquella noche el cuervo lóbrego

Posado allí, clavado siempre está

Sobre ese busto de la diosa pálido,

Que le sirve de eterno pedestal.

Fiero demonio vigilando al réprobo,

No aparta de mí un punto su mirar,

Larga sombra arrojando, negra, fúnebre,

Do muere el sol y el luminoso gas....

Ay! de esta sombra que enlutó mi espíritu