Mi resolucion para verificar mi regreso, era efectuarlo por Tejas, no solo por conocer esa parte interesantísima de los Estados-Unidos, sino por ver por mis ojos y estudiar con cuanto detenimiento me fuese posible, la cuestion de la frontera, tan comprometida, en mi juicio, y tan digna de una séria atencion.

Hice presente mi decision á mis compañeros, y Gomez del Palacio, como he repetido mil veces, inagotable en bondades para conmigo, se resolvió á acompañarme en tan costosa é incómoda travesía, sin atender á sus molestias ni á sus sacrificios pecuniarios.

Despues de incidentes dolorosos, pero de interes muy privado para mi persona, quedó resuelta la marcha para dentro de dos dias, fijando un derrotero prolongadísimo, evitando pueblos incendiados materialmente por las inquietudes del Sur.

Como á pecador abandonado, vinieron á mi mente en tropel mis culpas acerca de mis estudios sobre Nueva-York.

Me parecia, como es, que mis apuntaciones superficiales é informes, no podian dar ni remota idea de mis impresiones; que habia descuidado los datos estadísticos; en una palabra, jamás tuvo más sincero arrepentimiento de sus culpas pícaro contrito. Para reparar mi falta, pretendia, como si fuese posible, verlo todo, examinarlo todo, y me embriagaba el ruido y caia en más imperdonables divagaciones.

Aquellos mil suntuosos edificios, como que me salian al paso á decirme: "¿Cómo te has olvidado de mí, Fidelillo, que no merezco un lugar en tus recuerdos?...." y tomaba un wagon con un propósito, torcia siguiendo otro y me dejaba caer rendido en un café, ó en el asiento de un parque, ó en uno de los teatritos que conocia como la palma de mi mano.

El Hotel San Julien en que habitamos está situado en Washington place, á dos dedos de Broadway.

Es un hotel de segundo órden, pero servido con esmero á la francesa, y en que el arreglo y la limpieza extremada le comunican cierta decencia y cierto buen tono universalmente reconocidos.

El Parlor, ó sea salon de recepcion, el comedor y el despacho, están en primer término, suben cuatro escalerillas á otros tantos pisos con angostos corredores, departamentos uniformes y muebles como vaciados en un mismo molde.

Escaleras y tránsitos están perfectamente alfombrados; el aseo escrupuloso mantiene en perfecto estado el edificio y las habitaciones, y hay su pintura blanca que pudiera llamarse la toalla de Vénus de puertas y chambranas, que las mantiene en juventud perpétua.