Le pedia dinero, de modo que ella creyese que podia faltarme para lo preciso, y era más fácil hacer volar á un buey, más fácil oir cantar una cancioncilla andaluza á Bonifacio Gutierrez, tipo de inmutable sequedad, que conseguir un centavo.
Pero bueno, decia yo, esta mujer es mi providencia, quiero que me hable.... Soltaba alguna chanza, y aquella fisonomía de hielo nada decia. Me desesperaba....
Maguet, ya por su físico, ya por su moral, era refractaria á todo afecto, era su corazon de amianto, y no obstante, le estaba obligado por sus bondades.
Armaba cada campaña con mis estafadores, que se hundia el hotel, apechugaba como si fuera mi madre cualquier negocio que me atañia; al volver la cara, ya tenia un pantalon nuevo, ya me veia obligado á afeitarme, ya me ponia frente á frente de un sacerdote irlandés á quien le habia de dar informes de México, pero con el designio de ponerme en contacto con gente de pró.
Necesidad vital de sentir afectos, halago innato del alma cuando se relaciona con otro sér, aquellos cuidados purísimos, aunque envueltos en brusquedad, aquella solicitud, aliviaban mis penas.
Maguet me gobernaba á su antojo luego que caia bajo su dominio; y Gomez le concedia la razon siempre que estallaban mis impertinencias en los altercados.
Jamás Maguet se tomó licencias que pudiera interpretar la malicia; jamás recibió gratificacion sino de manos de Francisco.... solo cuando arregló nuestros baúles para la partida, con sus ojos inundados en lágrimas, sospechamos que aquella pobre mujer nos tenia afecto....
Seria una ingratitud indigna no consignar en mis Viajes el nombre de Maguet. Lo consigno, ¡vamos! con toda mi voluntad, y que salga el sol por Antequera.
Despues de mi última conversacion con Iglesias el 26, entré á mi cuarto, y Maguet comprendió á la primera ojeada de sus ojos de gato, que no se trataba de carbonato, ni de parche para los callos, ni de una contrariedad pasajera. Salió de la pieza, volvió con un trozo enorme de hielo, lo echó á nadar en el jarro de agua que habia constantemente en la mesita del centro del cuarto.... y desapareció....
Quise hablar á Gomez del Palacio; pero éste, para esas circunstancias críticas, tenia á mano su magnífica traduccion de la "Jerusalem," del Tasso.