Como si tuviese quince años, me sentia ansioso é impaciente, sentia aletear sobre mis cabellos canos mis dulces ilusiones de la juventud, y léjos de parecerme ridículo, me parecia mi empeño un delicioso fraude á la vejez.
Cesaron al fin todos los ruidos: yo, que me habia quedado leyendo periódicos en el despacho, entre los criados que roncaban en ruidosa competencia, subí las escaleras como una sombra, me detuve como un malhechor frente al cuarto, distinguí la imperceptible raya de luz bajo la puerta, me acerqué, tendíme casi en el suelo del quicio, y disparé mi papel con cuanta fuerza me fué posible, despareciendo rápido en las sombras.
Entré á mi cuarto, quedé atento al menor ruido.... silencio profundo.... Saltaba mi corazon y no podia pegar los ojos.
Al siguiente dia se me figuraba que todo el mundo me habia descubierto, y que era objeto de todas las conversaciones la aventura; pero nada: pasé al frente de la ventana.... y nada.... Pues, señor, aquí dió fin la comedia; ¿y para esto tanta precaucion y tanto susto....?
A prima noche, miento, como á las nueve de la noche, en vez de las listas de la celosía que se dibujaban con constancia en la pared de enfrente, la ventana estaba abierta..... yo todo me volvia ojos, no sé cómo no me desbarranqué de mi ventana.... De pronto, se dibujó una sombra, ¡correcto perfil! ¡qué enhiesto talle! ¡qué explosion de rizos trémulos sobre el cuello y la torneada espalda! y al ir adelante en mi exámen, la sombra se hundia en la sombra de la calle, ¡y aquello era de desesperar!
A veces me parecia que tenia aquella mujer angélica, porque así habia de ser, mi papel en la mano, mi verso sin duda; pero creia que se prolongaba: no es un periódico, es mi papel, y á la sombra.... ¿En esa sombra habia alguno? ¿Ese es un brazo humano, ó es el brazo de una cruz, ó el extremo de un mueble....?
Mi sombra era otra cosa, abria los brazos, mostraba papeles; pero las cambiantes de la pared que la pintaba, el abrirse y cerrar de las puertas aquellas, las volvia grotescas, me hacian figurar como un mono haciendo cabriolas.
La ventana superior cerróse como siempre, y yo traté de olvidar con mis amigos mi aventura.
Al regresar en la noche, por supuesto á hora oportuna, me sorprendió muy agradablemente que hiciera sensible mi presencia la mayor luz bajo la puerta: yo me eché á nado, porque tal era mi postura en el pazadizo.... ví entónces trasparente, blanquísima nube; percibí algo de perfume embriagador, se interceptó la raya de luz y ví que algo se deslizaba por la alfombra, al mismo tiempo que dentro del cuarto se extinguió totalmente la luz.
Tendí la mano, palpé un libro pequeño y me retiré á mi cuarto.