¿Y la reflexion? que sí....
Y de esta manera ensartaba mis versos, sin sentir, hasta que oia la tos de Francisco, á quien oculté cuidadoso lo que me pasaba, pero á quien no dejaba dormir.................
En manera alguna podia interpretarse la accion de mi desconocida como interes, ni mucho ménos como amor, puesto que no me conocia, y aun conociéndome, entónces más se alejaban esas probabilidades.
No obstante, aquello de "poeta mexicano" mucho me lisonjeaba, no lo puedo negar; pero entónces, y suponiendo sin conceder que yo mereciese tal dictado, lo natural era suponer el deseo de leer versos mios á falta de otro quehacer.
Todo esto es muy cierto; pero es de tal modo miserable la condicion humana, que tal puerilidad, tal quimera, me preocupaban y sentia mi corazon como con arrimo, como en la patria del sentimiento, como en comunion con otro espíritu que me comprendia y se identificaba con mis penas.
Yo interpreté el envío del libro como aprobacion y demanda de la leyenda, y para prolongarme el placer de la aventura y procurarme motivos de comunicacion, resolví escribir diariamente parte de la leyenda, llevarla y recoger el libro á la siguiente noche.
Pero, bueno; ¿y dónde estaba la tal leyenda? Era forzoso crearla, y hé ahí cómo la engendró mi fantasía. Va de leyenda.
En México, mi adorada patria, suponia yo, habia un convento casi á extramuros de la ciudad, cuya totalidad estaba ocupada por religiosas de muy severa regla, ménos la espalda del mismo edificio, del que aislándosele un patio lóbrego y de elevados y robustos muros, se habia hecho prision para los reos políticos.
A esa misma espalda, en la parte elevada del edificio, daban ventanas de algunas celdas de religiosas, y en la parte inferior ventanas de la prision con macizas rejas de hierro embutidas en la pared y á una altura competente para evitar toda comunicacion por la calle.
Quien hubiera pasado, en el tiempo que voy á referirme, por la espalda del convento á deshora de la noche, habria descubierto dos puntos luminosos: el del cuadro de la ventana superior, claro y marcando el cuadrado irregular de la ventana de la celda, y las rejas de la prision débilmente iluminadas. Los puntos sobre que acabamos de llamar la atencion, se reproducian en la pared del frente del convento, como en un espejo.