Es de advertir que la Panadería de Viena se llama así, porque allí se fabrica pan exquisito, especial, como no lo habia comido en mi vida; pero en realidad es uno de los más elegantes cafés de Nueva-York.
La Panadería de Viena está situada en un recodo de la calle 9 que da á Broadway; el ángulo está guarnecido de un hermoso barandal de hierro, que resguarda un pintoresco jardin, en que hay un techo saliente sostenido por delgadas y esbeltas columnas, y del que cuelga una profusa cortina de lona.
Entre las flores, arbustos y macetas del jardin, se ven repartidas simétricamente, mesitas con su tabla de mármol y sus piés de fierro.
Los efectos que se sirven en el café de Viena, son de la mejor calidad.
Mi curiosidad se despertaba al ver servir los chocolates en grandes tazas, sumamente aguado y con cucharita, como si fuera thé.
Me caia en gracia ver llegar á los criados por su helado, que no sé por qué le llaman (ladrillo helado), y el criado, ó el caballero, ó la lady, lo conducian muy orondos, hecho piedra realmente, en su cajita de carton; y me divertia la canastita curiosa de mimbres en que se sirve el pan, y la servilletita cuadrada de alemanisco, con sus rayas encarnadas, que solo sirve para limpiar los dedos y la boca, y no como fungen las servilletas en nuestras mesas.
Sombría, hondamente sombría estaba mi alma, y no me puedo dar cuenta de por qué, ansiando tanto volver á México y sintiendo en medio de aquel bullicio, hasta mis huesos, el frio del aislamiento, hacia mi partida con tristeza, como si me esperasen á la entrada de la patria más hondas penas de las que yo sufria.
En los salones en que se advierte que se reciben señoras y caballeros, no hay cantina, reina la mayor compostura y son frecuentados por culta sociedad.
Algunos jóvenes, de regreso de los teatros y sus correrías; algunas parejas afortunadas cantando en voz baja el eterno y siempre nuevo duo del "yo te amo;" los picos del gas reverberante, pero alumbrando fisonomías soñolientas y flores como dormidas sobre sus tallos, todo tenia singular aspecto.
Al retirarme de aquel sitio, me pareció oir voces en español en una mesita colocada á la sombra; acerquéme con cierta confianza, porque yo no sé por qué dí y tomé en Nueva-York, que todos los que hablasen español tenian de ser mis amigos íntimos por fuerza.