XVIII

Trenton.—Filadelfia.—Baltimore.—Llegada á Washington.

Volaba el tren del ferrocarril como si fuera atravesando un subterráneo; las tinieblas se presentaban como espesos muros, el cráter de la locomotora lanzaba erupciones de chispas que se desbarataban en centellas.

El interior del wagon era sombrío, las lámparas alargaban su llama entre humo espeso que se pegaba al tubo; la mayor parte de los pasajeros dormian, tomando esas figuras estrambóticas del sueño, y la trepidacion ó cernimiento del carruaje, les hacia mover como de una pieza, y como movimiento de cadáveres.

Francisco, con su cachucha sobre las cejas, se concentraba sin hablar palabra: despues de algun andar, me dijo:

—Vamos á pasar por Trenton, capital de Nueva-Jersey.

Algunos faroles, una casa de comercio abierta, fué todo lo que conocí y de que puedo dar idea.

—Si de este jaez, dije á Francisco, son mis impresiones sobre Filadelfia, me voy á divertir.