—Muy triste, dijo Francisco, está siendo nuestro camino con esas relaciones; lee las cartas que te entregaron en la estacion. Veamos si esos muchachos dicen algo que valga la pena.

—Mira, dije sacando una de las cartas. Esta es de Luis Palma, aquel chico despabilado que siempre hablaba de política y queria acompañarnos hasta Washington.

—Excelente muchacho, dijo Francisco; esas ligerezas y ese brío que tu le echabas en cara, son cosas de la edad. Leamos su carta.

—Escucha:

"D. Guillermo:

"Ménos del plazo que conceden á un ahorcado le pido á vd. de espera, para que paseemos juntos siquiera dos dias en la Capital de la Union.

"¡Qué buenos ratos nos podemos pasar! aunque no abundan las diversiones, como en Nueva-York, no falta en que pasar el tiempo, y veria vd. comedias diplomáticas divertidas.

"Es singular: estos yankees, que viven tan sans façon, y de cuyo desparpajo se ocupan todos los viajeros, esencialmente si son franceses, observan la etiqueta con inflexible escrupulosidad.

"El chisme, aunque de guante blanco y casacon con bordados y cruces, recorre grandes y pequeños salones, y con finura no vista, se despellejan las potencias amigas, al darse tiernos besos de confraternidad.