"Lo que quiero es que pasemos revista de los grandes hombres que tienen en sus manos la suerte de la gran nacion americana.
"¿No conoció vd. á Hayes cuando estuvo en Nueva-York? Es un hombre que representa cincuenta y cinco años; ántes se le oyó mentar en la guerra como Coronel de voluntarios, y era en realidad un hombre oscuro, apénas conocido en el Ohio, de donde era Gobernador accidental cuando se reunió allí la convencion de Chicago, y resultó candidato de presidente, de la pura anarquía y desacuerdo para elegir, de entre los hombres eminentes del partido republicano: su poca importancia, que á nadie inspiraba celos, fué el secreto de su elevacion: de esto se ve todos los dias.
"Hayes tiene una fisonomía comun, y en su porte y maneras, más bien parece un hombre de iglesia que un político. De secretario de un obispo no tendria precio.
"La parte moral corresponde á ese físico, es retraido y monástico. Es un metodista severo y solo comparable á su esposa. Pertenece el austero matrimonio á la Sociedad de Templanza, al extremo de pretender suprimir el vino en los convites diplomáticos.
"Cuando convidaron á comer al Príncipe Constantino de Rusia, estuvo muy á pique de beber agua, de susto; pero los periódicos ridiculizaron tal ocurrencia, y se dispuso entónces que solo para el Príncipe se sirviese vino, teniendo los demás que ver y desear, entre cuero y carne, es decir, en el fuero íntimo.
"En el órden comun de convites, cuando se sirve pescado, le hacen seguir del café para que el animalito no reviva, y despues continúa proveyendo el líquido elemento, como en los dias de la creacion.
"No obstante ser la costumbre del Presidente ir en coche á la iglesia, á él le asaltó el escrúpulo de andar en coche el domingo, con beneplácito de sus amigos de creencias.
"Lo notable hasta ahora de su política es el retirar las fuerzas que se decian oprimir al Sur, y algunas ternezas con México, que más vdes. que yo pueden calificar.
"Otra cosa es M. Evart, Ministro de Relaciones, jefe del gabinete, su alma y su vida, como decimos nosotros.
"M. Evart es alto, delgado, seco, acartonado y huesudo; su rostro es lampiño, pequeño, y su frente calva; vese su cabeza como una naranja clavada en una asta bandera. Son desairados sus movimientos, como los de todo largo, porque miéntras el espíritu anda por un lado, queda como en huelga el resto del cuerpo. La edad de M. Evard es de sesenta años; no es aleman como habian dicho á vd., sino de la Nueva Inglaterra; pero ha residido constantemente en Nueva-York.