"Carece M. Evard de antecedentes políticos; pero como abogado, ha sido considerado como el primero de Nueva-York. Su erudicion es variada y profunda en la ciencia del derecho; su palabra, tarda y pesada, se pasea en todos los vericuetos forenses, y es verbosa, difusa, sin aliño. Si hubiera nacido en España, se le habria comparado á Gregorio López ó al Conde de la Cañada.

"En la prensa se le censura la longitud de sus períodos, que le achacan que mide por la sombra de su cuerpo.

"Cuando se propone desleir su pensamiento en la fuente de sus palabras, corre y corre su discurso, hasta que despues de varios dias se le encuentra el fin.

"Pero el título de más reciente celebridad de Evard es su triunfo forense en la causa del R. Beecher, de que voy á hablar á vd.

"El R. Beecher es orador eminente y ejerce influencia poderosa en el país.

"Pastor evangélico, reside en Broklyn, llamada Ciudad de las Iglesias, y la suya es la de más moda y renombre de la Ciudad Santa.

"Dicen los entendidos en materias literarias, que Beecher es elocuentísimo, y que sus dotes oratorias, unidas á una gallarda presencia, le hacen positivamente seductor.

"Creció su fama y se desarrolló la influencia de este personaje en la pasada guerra, en que favoreció con su palabra la causa de la Union, convirtiéndose en una verdadera potencia.

"Además de ocupar Beecher lugar tan prominente como orador sagrado, es escritor de mucho mérito.

"Se ha acusado siempre al Reverendo de inclinaciones mundanales.