Leo, pues:

"Supongo que una ó dos horas será lo que vd. se detenga en Washington, porque así lo requieren los cálculos de vd.: esta consideracion me hace no reunírmele como queria; pero deseando serle útil de alguna manera, le envío copia de las apuntaciones que hice en mi primera visita á Washington, en la calidad de agregado á la Legacion de mi país. Vd. tome de ellas lo que guste, corrigiendo, borrando y poniendo en cristiano papeles que escribí para mi uso privado. De todos modos, y aunque no sirva á vd. de nada el mamarracho, él le probará mi decidido afecto y el interes que tengo porque su obrita contenga el mayor número de noticias posible.

"Así como confieso lo desaliñado de mi escrito, le aseguro que le garantizo la verdad de cuanto en él expongo, pues repito que, como para mí, no pude tener la pretension de engañarme.

APUNTACIONES DE MI VIAJE Á WASHINGTON.

"La poblacion de Washington varia constantemente, como que se forma de empleados que á cada cambio de gobierno andan á salto de mata, individuos de la Cámara que van y vienen como las aguas, personajes del cuerpo diplomático que aparecen y desaparecen como sombras chinescas, y ricos caprichosos que suelen pasar el invierno disfrutando de aquella buena sociedad, que en obsequio de la justicia, es fina é inteligente como pocas.

"Las costumbres por una parte, y el modo con que se verifican las reuniones, hacen que en realidad se goce en ellas poco.

"Hay personajes distinguidos que declaran su casa abierta: así se publica en los periódicos ó se advierte por invitaciones; pero toda persona decente tiene acceso á la reunion aun sin invitacion especial, como se puede ir á la iglesia ó á ver un Museo.

"Las piezas de las habitaciones son en general pequeñas, aunque muy decentemente amuebladas: la señora y el señor de la casa se colocan de pié á la entrada del salon en que se recibe: se llega, se saluda sin detenerse y se entra en busca de conocidos y amigos; pero todo esto sin detencion especial, de pié, como de viaje, como en la estacion de un ferrocarril.

"Nadie se sienta, con excepcion de tal cual anciano, ó de tal cual enfermo.

"Semejantes centinelas en aquel agolpamiento, no es posible que emprendan conversaciones; están como en espera de algo para marcharse. "¿Cómo está?" "¿qué tal va?" es lo que se escucha entre costado y costado, y como si se lo dijeran dos viajeros que cruzan en opuestos rumbos.