El hombre del Kentuky depositó su carga en el suelo y pidió que le desmontasen cabello y barba.

Cumplió el barbero con su deber, dándole una tunda tremenda con navajas, cepillos, escarmenadores y uñas rajantes como las del tigre.....

Concluida la operacion quirúrgica del aseo, se inclinó el atleta sobre un lavabo, y con un jabon arenisco como de piedra pómez, se dió una raspada, que equivalió para mí á la sensualidad de desollarse vivo.

Despues se introdujo como furtivamente tras la armazon de la barbería.

La facha del hombre aquel me pareció repugnante; pero su desbarajuste, sus harapos, su mugre, sus botas despedazadas, lo hacian insoportable.... Sin embargo, seguia sus movimientos con curiosidad.

De repente, de por el lugar donde el rinoceronte aquel habia desaparecido, salió un caballero perfectamente vestido, airoso, de fieltro flamante, de calzado lustroso.... me pareció un banquero.... Era el mismo personaje del Kentuky, que habia hecho su trasformacion de pié y como quien se baña, dejando su equipo, ó como quien dice, su piel antigua, para que la tiraran á la basura......

Reímos del desenfado del de Kentuky, y un españolito de la primera tijera con el pelo de la dehesa, nos dijo:

—Pues á mí, fresquecito me acaba de acontecer un percance que me dijeron que era de un chistoso, y que me tostó la sangre.

Era un dia de Norte; la gente tiritaba, yo no tenia maldito el frio.... y por otra parte, estaba desprevenido contra aquel malhumor del cielo.

Así es que no fué obstáculo para que saliese á la calle, mi pantalon de lienzo y todo mi equipo de verano.