—Justamente.... dijo el viejo.

Tomé mis ostras, bebí mi trago.

El viejo se puso en pié y me dijo:

—Siempre me permito, señor, decir á vd. que ese pantalona está perdido por hoy....

—Pues yo usaré el pantalon que se me dé la gana, está vd., y á vd. no le va ni le viene meterse en mis negocios; y si no fuera vd. viejo, le corregiria por imprudente.

—Tal vez lo mereceria.... añadió el moscon aquel; pero diré á vd. en mi conciencia, que ese pantalona está perdido por hoy....

Yo estaba al saltarle al cuello al viejo ridículo.... los dependientes de la casa reian... uno de ellos me dijo "que aquel era un caballero excelente; que usaba aquellas bromitas precisamente con las personas que le simpatizaban; que era un excéntrico...." En efecto, me brindó con una copa, y me encontré con el hombre más amable, y á quien quise mucho.... pero me dió un tabardillo.

Los dichos agudos que se citan de los americanos, tienen un carácter peculiar.

—No irriten vdes. á la Francia, decia un compatriota de Víctor Hugo, porque cada frances vale por tres yankees.

—Bien, bien, decia con flema el hijo de Guillermo Pen, ya les pondremos cuatro yankees.