No sé cómo tuvo conocimiento de mi insignificante persona, de mis coplas y de mi admiracion á Mr. Bryant. Yo habia seguido con admiracion sus movimientos, por su destreza y atrevimiento. ¿Quién habia de creer que aquel jóven era un literato con pasion por los autógrafos, como otros muchos? Cuando estábamos del otro lado del rio, y yo materialmente absorto de la temeridad de nuestra travesía, se acercó el jóven por uno de los postigos del coche y me dijo, sin más cincunloquios:

—¿Vd. quiere ponerme en esta cartera su firma, Sr. Prieto, mexicano....?

—Con mucho gusto, respondí.... y no solo mi firma, sino una cuartetilla que se me escurrió, sin sentirlo, de la punta del lápiz.

Me dijo no sé qué cumplimientos con tan tierna expresion, que yo le pedí escribiese en mi (carnet), librito de apuntaciones, su nombre, y él, con unas letrotas como nueces, puso:

Julio 30 de 1878.

Querido de Prieto.

H. B. Nutt.

En Litl Roch, conjuncion de los caminos del Norte y el Oeste, cambiamos carruaje para continuar á San Antonio.

El nuevo wagon contenia viajeros de todas partes del mundo, que iban en calidad de colonos á Texas.

Era como el resíduo, como los harapos humanos de todo el globo; eran los Cuasimodos de todas las naciones, como regados sobre el fondo negro de la raza africana.