Vestia Leonor humildísima muselina azul; pero el trage, tan limpio y bien tallado, que parecia orgulloso de estar al servicio de semejante dueño.

Formaba contraste con el primer aspecto de la hermosura severa, el regocijo, la gracia realmente infantil con que se acercó juguetona al jóven rubio.... tomó de sus manos el proyecto de pantalon, se sentó á su lado y comenzaron su trabajo; la una cosia, el otro estudiaba, y se interrumpian y cantaban en el colmo de la felicidad.

Unas veces suspendia su trabajo la niña, para tomar la leccion al hermano; otras el hermano daba su voto acerca de los pantalones, siempre riendo y como el cuchichear de dos alegres golondrinas.

Fernando estaba endiosado, no queria abandonar aquel espectáculo; el sol recogia en Occidente sus últimos rayos, y en la pared de la azotehuela se dibujaba perfectamente el busto del intruso espectador....

El jóven literato lo advirtió y alzó la cara: vió á Fernando y le dió las buenas tardes, sin abandonar su alegría.

—¿Qué hace vd. por ahí, amigo?

—Este es mi salon de estudio.... un poquito más grande y mejor ventilado que el de vdes. Este es un taller al aire libre, con mejores vistas....

—Pero de muy difícil subida, dijo Leonor.

—Diré á vd., señorita, las subidas son relativas á la altura de las azoteas.