Modas, bailes, anécdotas risueñas, versos sentidos, cayeron como lluvia de perlas en el festin, y al despedirse los muchachos, Fernando ofreció su habitacion en la misma casa, con la más exquisita finura.

Al salir Fernando deslumbrado del convite, se felicitó de no haber hecho una de las suyas; esto es, de no haber insinuado afecto alguno á Leonor, que tanto respeto merecia.

Cumplia como caballero Fernando, puesto que estaba formalmente comprometido para casarse con Julia, su primer amor, la señora de su alma, el ángel inspirador de los primeros cantos de su lira.

Pero nada de esto obstaba para que Leonor fuese divina.

En estas circunstancias, la señora mamá de Fernando fué atacada de una angina de pecho; enfermedad cruelísima que puso desde su primer anuncio en peligro su existencia, convirtiendo en horrible la situacion de Fernando.

Salia la primera noche en busca del médico, sin saber qué hacer ni tener con qué pagarle, cuando se le unió Miguel, le llevó con un médico amigo, y volvieron con él á la casa.

Leonor, entre tanto, habia provisto á las necesidades de la casa; la señora mamá de Fernando estaba en su lecho, la vela encendida y todo á punto de emprenderse la curacion.

Calificóse el caso de gravísimo, se aplicaron á la enferma sinapismos, se recurrió al éter, se recetó cáustico, y todo apareció allí como por encanto.

Fernando tenia que concurrir á su colegio, no podia abandonar al padre, que era su recurso único de subsistencia, las noches las pasaba á la cabecera de la enferma, ó tirado á sus piés como un lebrel, atado con una faja á su brazo, para que le llamase su madre cuando sintiese el acceso del horrible mal que la privaba del sentido, y que cuando pasaba, dejaba trastornada su razon.

Iba Fernando á sus quehaceres dejando al arbitrio de una criadita de doce á trece años, la preciosa vida de su madre.