—¡Eh! amigo Elliot, aquí, aquí, venga vd., aquí está D. Guillermo.

Y Elliot, que es un gordiflon muy campechano, se entró en mangas de camisa, como andaba en la calle, en el bar-room, y quedamos aplazados para cuando volviese de la casa de mi Dr. Cupples.

La botica en que refrescaba en los dias de grandes calores habia desaparecido; la opulenta casa de los Sres. Gonzalez estaba trasformada en oficinas militares y despacho del General Ord, la reducida piececita del Correo era una casa de comercio y el Correo tenia su edificio separado, elegante, y con todas las dependencias que exigia el acrecimiento de la poblacion.

Llegué por fin solitario, apoyado en mi baston, silencioso y meditabundo, al que fué nuestro hotel y hoy es habitacion del Dr. Cupples.

La casita desaparece casi en raudales y cortinas de follaje que cuelgan y se balancean sobre el jardin más lleno de vistosas flores y más esmeradamente cultivado que se puede imaginar.

Lo que ántes era patio posterior, era jardin tambien, pero lleno de corpulentos árboles con sus calzadas de menuda arena, sus kioskos y sus enredaderas en los pilares del corredor inferior.

La aparicion en tropel de mis recuerdos; la ausencia eterna de mi adorada compañera de infortunios; la separacion de mis hijos; el fin trágico de Patoni; la situacion de Ortega, todo me preocupó y llenaba mi alma de tal modo, que no percibí que Katty, que es ya una lindísima señorita, desde el corredor superior de la habitacion apartaba las yerbas y veia y seguia los movimientos del viejo, que con los ojos clavados en el suelo permanecia mucho tiempo entregado á profunda contemplacion.

Sin duda para saber quién era el visitante inmóvil, hizo algun ruido; levanté mis ojos, oí mi nombre, y la linda muchacha vino gritando regocijada los nombres de María y de mis hijos: como si hubiera sido mi hija, queria darme el brazo, quitarme el sombrero, llevar mi baston, que me rodearan las criadas y criados, y que Lora, su mamá, que fué de nuestra familia, hiciese festin y mandase llamar al doctor.

¡Qué lindo se platica cuando las palabras solo son pretextos de lo que se dice y siente el corazon! ¡qué de palabras cortadas! ¡qué de risas intempestivas! ¡qué quererlo saber todo y que todos escuchen lo que á nosotros nos halaga y saboreamos como empapado en almíbar!

Venia en la calle el doctor, y Katty ya me anunciaba como una feliz nueva, viniendo á mis brazos el noble y generoso amigo, á enorgullecerse de tener lugar distinguido en mi corazon.