Es cierto que los que tenemos la tradicion latina, es evidente que los que nos hemos instruido con la educacion romana, y los que hemos abierto los ojos de la razon bajo el influjo de la religion cristiana, no nos es dado ser imparciales en nuestras apreciaciones.

Hemos tenido ensueños de libertad, tentativas de igualdad, teorías de la intervencion del pueblo en sus negocios, y todos esos elementos han constituido y constituyen en el crítico una segunda naturaleza.

Teorías incompletas, doctrinas leidas, sistemas con inconstancia planteados, se ponen frente á frente de prácticas sostenidas, expeditas y que producen sus efectos en medio de aparentes contradicciones.

El protestantismo deja el campo abierto á las instituciones civiles, no se mezcla para nada con los gobiernos, buscando los vínculos de confraternidad en la moral universal; la religion protestante, por la naturaleza de su sér y sean las que fueren sus aberraciones, no permite esos conflictos entre los poderes temporal y eclesiástico, que tantas rémoras oponen á la paz y al progreso de las naciones.

La libertad pone al individuo en posesion de su sér, reconoce sus derechos como hombre y los proclama inviolables: íntegro el hombre, funciona vigoroso; y como para que sean expeditas estas funciones, tiene que respetar los fueros de otro hombre colocado en las propias condiciones, se produce la igualdad y con ella las sublimes armonías del progreso indefinido de los pueblos.

Las instituciones en ese conjunto están hechas, viven en observancia, la ley es el yeso que se coloca sobre la fisonomía de ese pueblo, y ese molde es tan propio, es tan suyo, que no le lastima ni importuna, ni le impide su accion cuando se sirve de él.

En los gérmenes primitivos de este pueblo estaban encerrados sus elementos todos de grandeza: la libertad religiosa; porque en pos de ella habian atravesado los mares los primeros pobladores, y llegó con ella á estas playas la libertad civil, porque al constituirse, ejercieron sus derechos en la ancha base de las funciones municipales, miniatura del gobierno y la igualdad; porque ni el sacerdocio reclamaba fueros, ni la casta distinciones, ni habia mas que un punto único y una mira única, que era el bien comun. No es, pues, la diferencia entre los Estados-Unidos y nosotros, que á ellos los uniese y á nosotros nos desuniese la federacion: la diferencia es, que ellos eran hombres y conocian y sabian ejercer sus derechos, y nosotros éramos poco ménos que esclavos, enervados por una tutela de trescientos años.

Cuando la aglomeracion de gente y la distancia hicieron necesarias más complicadas relaciones, no tuvo que hacer nada; lo que en las sociedades antiguas se llamó el poder público, ese poder existia en todos y cada uno de los americanos, y existia en ejercicio constante; la agregacion de pueblos fué, como la de las individualidades, desde el hombre al municipio, al Estado; eran entidades perfectas, una sola era hábil para fungir con la misma aptitud que el conjunto.

La grande obra de Washington y de los constituyentes americanos, estuvo en reconocer con lisura esa verdad y hacer del gobierno general el policía que cuidara del órden y el portero que diese aviso á las naciones extranjeras de la voluntad de sus señores, sin entrometerse en todo.