El señorío del individuo le dotó, es cierto, de preciosos derechos; pero tambien le sujetó á grandes necesidades; valía por sí; era forzoso que subsistiese por sí; el trabajo fué una de sus condiciones de vida, y no el trabajo fincado en la ajena explotacion, porque se encontraria con la misma repulsa, sino el trabajo como fondo comun de la sociedad.
El que labraba los campos, el que atravesaba los mares, el que pedia á la ciencia sus revelaciones, vivian en el seno de una familia, en que tenian todos la misma representacion, las mismas aspiraciones, el propio grado de responsabilidad. Existia el pueblo: era una verdad que los que lo componian lo sentian, y los que lo veian tuvieron que admirarlo.
Cada cosa que pertenecia al individuo, tuvo que mirarse con indiferencia casi, porque el individuo era responsable de sus acciones: lo que tenia que ver con la sociedad, era notado por todos. La opinion no fué solo un juicio, sino el anuncio de lo que se ejecutaria en un caso dado.
Así nacido, creado y funcionando el pueblo, formando la caudalosa corriente: sus aberraciones, sus enfermedades, no tienen influencia, como no influye en el curso de las aguas la hoja que se desprende del árbol, ni el fango que enturbia á veces su superficie.
La democracia se ha realizado, y esta realizacion la presenta con caractéres distintos de todo punto de los caractéres con que conocemos en la historia á los pueblos que no tienen de tales mas que el nombre.
Las clases, conforme á la tradicion en las sociedades antiguas, sobresalen, son el todo; ellas engendran eminencias que proyectan su sombra en las masas y las convierten en enfermizas y en viciosas.
La categoría del cielo consagrando la perversion del espíritu en el secuestro de la conciencia; la categoría militar haciendo del asesinato una profesion y un taller de violencias el cuartel, haciendo la disciplina un instrumento de asfixia; la categoría de la sangre, llevando á los destinos públicos la pereza, la ignorancia, la lujuria y el robo; la categoría del saber haciendo de las aulas estancos de la luz, cuando no oficinas de falsificadores de la verdad.
Y para sostener á estos enjambres de farsantes y verdugos, el pueblo, á su vez ignorante, rencoroso, paga, pero se hace incompatible con las otras fracciones sociales, con intereses opuestos al suyo.
En esta democracia militante, las religiones en su concurrencia, compiten por beneficios reales; la escuela, el hospital, el taller, son objeto de su cuidado; y cuando pretende entrar, como el cristianismo, en terreno vedado, entónces la opinion lo contiene y la indiferencia lo restituye á sus rieles pacíficamente.
El elemento militar perturba y amenaza, pero tambien sin consecuencia: todo se reduce á pérdidas del tesoro, á disimulos en el presupuesto; pero el país es tan rico, que el propio despilfarro no importa un menoscabo.