¿Y las clases? ¿y la nobleza? ¿y toda la nomenclatura de saltimbanquis que son el azote de los pueblos? Esos no existen; y los vagos y los arbitristas pasan cayendo, fatigados en su camino, en medio de la rechifla universal.

Pero adviértase que esos caballeros de industria de las compañías fantásticas, de las empresas temerarias, esos alquiladores del viento, esos consocios del sol y del mar, son individuales, es decir, la espina, el grano, la verruga, no la sociedad americana.

Esas individualidades efímeras son las que extravían á los viajeros, con mucha especialidad á los de la raza latina, y es porque existe lo que se ve y lo que no se ve, como en uno de los preciosos sofismas de Bastial: se ve á la mujer pública en toda su desvergüenza, invadiendo las calles, asaltando los paseos, reclamando fueros y consideraciones; no se ven cientos de maestras en las escuelas públicas, modelos de saber, de recogimiento y de virtud; no se fija la atencion en las obreras de Haster; no se ven salir en las noches de la casa de Stuart, por cientos, las que fungen de dependientes y se concilian el respeto universal por su dignidad y compostura.

Se ve á los mil petardistas que explotan el humbug, y no los grandes inventos que honran á la humanidad.

Se ve al banquero que despide al mendigo de su puerta, y no al que envía cientos de miles para las bibliotecas, para las escuelas y casas de beneficencia.

En este particular es tan falible el juicio, que á primera vista, en un teatro, en un paseo, hay un personaje que comete inconveniencias de educacion impasables; muchas veces se indaga, y es porque el personaje de bejuquillo de oro y anillo de diamantes, es el carnicero, el herrero, el zapatero; y la gran señora á quien acaba vd. de ceder el asiento en un wagon, al siguiente dia la encuentra vd. barriendo los corredores de su hotel, ó va entrando en nuestro cuarto en demanda de nuestra ropa sucia para lavarla.

Como el trabajo y las empresas son más lucrativos que los empleos; como éstos no reconocen propiedad; como las consideraciones sociales están en razon de la independencia del individuo, éste tiene un modo de vivir ó lo busca, sin que se finque el modo de ser de una clase determinada de los empleos, y este es un elemento trascendental de paz.

El juez, el general, el presidente el dia que termina su encargo, vuelven á su taller en medio de la consideracion universal; el capitan que atraia las miradas en la mañana, va en la tarde con un tablon al hombro, sin esfuerzo y sin que nadie se fije en él.

En una palabra; nosotros, es decir, los pueblos hispano-americanos, como me hacia observar hablando de esto mi amigo Jacinto Gutierrez, venezolano ilustre, por nuestra tradicion y á causa de nuestra propia independencia, presentamos constantemente el espectáculo del pueblo en su tendencia á elevarse, y las clases en su afan de deprimirlo: el pueblo, un instante levantado, pero sin cimientos, sin bases sólidas, sucumbiendo para volverse á levantar de nuevo; y en este vaiven, un corto número de hombres de ideas verdaderamente liberales, segun la feliz expresion de Gomez del Palacio, luchando por hacer entrar en el carril del progreso social á los millones que tienen fuera de él los vicios de la educacion, la abyeccion y la barbarie.