Aimera, etc."
Caminamos alegres á la casita de M. Rève, situada á poca distancia del hotel, escondida en una quiebra de la loma que da al rio y tocando en él su precioso jardin.
Para llegar á la casa se desciende entre árboles, y se baja un alto y tendido escalon, y en el declive ó rambla que va al rio, perdida entre enredaderas y árboles frutales, circundada de vistosísimas flores, está la casita blanca con sus persianas verdes, su pórtico gracioso y sus chimeneas arrojando humo.
M. Rève llegó armando zambra, corrian á competencia sus niñas, el perro iba y venia, caracoleaba entre la gente y se empinaba sobre sus patas traseras para alcanzar el pecho de mi amigo: la señora se adelantó tambien como una chica, gritando: "Fidel, Sr. Fidel, muy bien venido, venga vd. aquí con sus amigos." Triple salva de palmadas y vivas nos recibieron.
M. Rève, despues de un rato de ausencia, volvió limpio, cepillado, peinado y vestido como cualquier prójimo de los que pisan alfombras y se pavonean derramando en los salones esencias de buen tono.
La casita estaba como escondida entre las flores, las piezas son pequeñas, pero reverberando de limpieza y de propiedad y buen órden.
Los amigos que me esperaban eran los mismos que en otro tiempo me llenaron de atenciones; se notaban más canas, más hondas las arrugas de la frente; pero aquellos veteranos del trabajo reian, decian sus chistes picarescos y tenian el corazon abierto de par en par para las expansiones de los tiernos afectos.
Hablábamos de todo, reiamos sin saber de qué; en marcha triunfal invadimos una mesita redonda en el comedor, en la que presidia, entre ramos de frescas flores, un candelabro con una pirámide de luces en el centro, y la señora y las niñas desaparecieron, no sin quedar comprometido á visitarlas al siguiente dia.
Entónces tuvo todo su vuelo la charla; hablóse del prodigioso movimiento de la poblacion. Supe allí que las relaciones con Chihuahua no se interrumpian, y que por el contrario, inmigraban muchos peones de aquellos pueblos, atraidos por la alza de sus jornales.
—¡Oh! los jornales por un lado y la leva por otro, han traido aquí muchos mexicanos.