La conversacion de M. Douay nos convenció de la necesidad de sostener en San Antonio activos agentes mercantiles, de que fuesen familiares á nuestros hombres públicos los periódicos de Texas, haciendo que se leyesen en las Cámaras, en las Bibliotecas, etc.; y recogí datos de mi amigo, que pienso utilizar en mis estudios económicos.

A las cuatro de la tarde, el Sr. Leal estaba en nuestro hotel con el objeto de presentarnos á su familia.

Compónese la familia del Sr. Leal, de su señora, un jóven de veinticinco años y una elegante y hermosa señorita.

La familia es netamente mexicana: desatóse la parvada de recuerdos de México, aleteando contenta y llevándonos por todos los lugares más gratos á nuestro corazon.

En el interior de la casa se ven flores por todas partes, cuadros con vistas de México, retratos de mexicanos notables amigos de la familia; y por aquí tejidos de gancho, por allá canastitas de abalorio en los estantes, los trastos con la simetría que suelen colocarse por nuestras señoras en el tinajero, coqueteando la loza de Guadalajara y la de Zinzunza, como representando orgullosa la nacionalidad de la familia.

La señorita cantó y tocó el piano con rara habilidad, el Sr. Leal hablaba de sus viajes y de las campañas de los indios, el chico nos queria instruir del estado actual de Texas, y la señora y yo traiamos al retortero memorias de épocas felices en nuestra patria y entre las personas que nos eran más queridas.

A la caida del sol vino un carruaje por nosotros; las señoras nos hicieron compañía y salimos á recorrer los alrededores de la ciudad.

Ya hemos dicho que la trasformacion ha sido completa: toda la orilla del rio la bordan arboledas y jardines, fincas de campo y estancias deliciosas; por todas partes deja sus huellas la abundancia y la paz, y en algunos puntos parece que ha servido de abono la extinguida miseria, para que aparezca más hermosa y floreciente la poblacion.

La visita del Sr. Leal nos fué en extremo grata.