—Veamos, cuénteme vd. algo, porque sabe que soy curioso.

—Pues otro trago, y abra vd. los oidos.

Los propietarios ó cultivadores de tierra de Texas tienen una manera de comerciar; otra los comerciantes extranjeros ó americanos no relacionados con México, y otra los rayanos ó comerciantes mezclados entre mexicanos y texanos.

De los primeros tiene vd. conocimiento por las noticias estadísticas, y ese tráfico está íntimamente enlazado con la activísima especulacion de tierras, que asciende á millones, y que da el cimiento sólido de la propiedad á esa increible inmigracion que cada dia se hace más importante, más rica y fecunda.

El solo cultivo del algodon bastaria para dar verosimilitud á esas trasformaciones casi instantáneas de desiertos en pueblos florecientes.

La vía férrea que une á Texas y sus puertos con el Sur y el centro de los Estados-Unidos, comunica preponderancia creciente á esa parte de la Union, desarrollándola en el sentido político y mercantil, de un modo que no me atrevo á explicar, porque Dios no me ha dado chirúmen para meterme en honduras.

Por ahora, y respecto de México, como para la comunicacion fácil y barata tienen los pueblos americanos el ferrocarril, á él acuden para el cambio de sus productos; y por agua, con el auxilio de ese propio ferrocarril, estarán en comunicacion con nuestras costas del golfo.

Los productores de Texas buscan sus mercados en el Norte y el centro de los Estados-Unidos, y esta asercion la puntualizan las tablas de su tráfico, y á esta clase me refiero respecto de los comerciantes no relacionados con México.

Es corto el número de comerciantes que solicitan efectos mexicanos para venderlos en los Estados-Unidos, y el tráfico, que no es muy cuantioso, consiste en pieles de chivo y lana en greña.

—Respecto de los rayanos, continuó el negociante, se toca la gran cuestion de contrabando, y eso tiene mucho que saber.