A trechos se ven las casitas entre las zarzas, como un rebaño esparcido; á veces forman calle en que abundan cantinas y lugares de tráfico.
Pero todo signo de propiedad, elegancia y hasta el recuerdo de las ciudades de los Estados-Unidos, parece extinguirse; es el fondo de la coladera, el resíduo de la poblacion, la orilla del mar en que se depositan espumas y basuras.
En el sitio de la guarnicion militar se percibe más esmerada cultura.
Desde la loma en que está colocado el gran jacalon que era nuestro hotel, más bien se sospecha que se percibe Piedras Negras.
Distínguese el lado mexicano como detrás de un muro, la plaza es extensa y cuadrada, con sus casas bajas de cal y canto, risueñas, abiertas de par en par y con la fisonomía característica de nuestras poblaciones.
Yo tenia que atravesar arena y algo de mal país para percibir, como un enamorado, mi tierra; y luego que la encontré frente á frente, le dije una de piropos y de ternezas, que quedé como fortalecido y contento.
Desde San Antonio habia yo escrito á mi nombre y al de Francisco al General Naranjo, mi amigo muy querido, que nos ajustara un carricoche y unos prácticos del terreno: sus contestaciones fueron de lo más satisfactorias, y el coche fué de más, porque gran parte del camino la hicimos en su carruaje y rodeados de toda clase de atenciones.
Luego que amaneció el 6 de Agosto del año del Señor de 1877, escribí un papelito al Sr. Zartuche, administrador de la aduana, para que se sirviese ordenar lo conveniente para el traslado de nuestros equipajes, que podia cargar con desembarazo una golondrina.
La respuesta fué que esperásemos al Sr. Zartuche, que se disponia á ir por nosotros para acompañarnos.