Sabio, moralista eminente, patriota esclarecido, Franklin, como Washington, Hamilton y otros, es una de esas columnas de granito en que descansa la verdadera gloria del pueblo americano.


Ahora sí que voy á soltar la cana al aire; estoy de paseo y me acompañará á mi excursion una mexicana; esto es, llevaré á la patria del brazo á dar una vueltecita por los mercados.

Ya columbramos el otro dia los Mercados de Washington y Fulton; pero fué por fuera, como quien dice, y sin tiempo para imponerse de cuál es la clueca y la ponedera, y cuál el barracan y el señor de los anillos.

Se me va á despedazar el corazon con los recuerdos de mis comadres. Voy á apurar un verdadero cáliz de amargura, porque no me ciega la pasion; pero al mercado van las hembras con sartenes y canastos y los chicos van tras ellas ardiendo como unos diablos. Vamos al mercado.

Bien visto, aquí no se necesita mucho del mercado: á cada dos pasos se encuentra uno entre tiendas de ropa, mercerías y hoteles, una carnicería con sus percheros á la calle, con carneros tamaños de gordos. Y á propósito, vdes. me van á perdonar el lenguaje de esta parte del mercado, porque lo dedico á las mujeres pobres de mi tierra (aquí en la oreja se los diré).... ya no se los digo: pus bueno, á ellas se los dedico con sus riquilorios, y su puntuacion y sus granitos de ajonjolí.

Las Grozeries á derechas son tiendas del tlaco de la manteca, ó cuantimás, tiendas mestizas; aquí todo es papel y todas son cajitas y todo es guante, digámoslo así, pus parece otra cosa.

Los efectos están al granel, nada de mostrador; cajitas por allí, y sartas de sombreros ó zapatos por el otro lado: no es mentira, hasta en medio de la banqueta. Eso sí, allí se encuentra un cristiano cuanto Dios crió, todo al estilo de éstos.

¡María Santísima! ¡qué de botes y cajitas como una condenacion! Pues como iba yo diciendo, hay frijoles, y garbanzos, cebollas, pikles: ¿saben vdes. que es eso? Son encurtidos, como los chilitos en vinagre; pero como están entre vidrieras, se dan tono.