—Esto deseo.
—El general le da las gracias por las últimas y exactísimas noticias que le envió usted; así es que ha jurado recompensarle merecidamente tan pronto se ofrezca la ocasión.
—¿Trae V. el papel? preguntó con cierta vivacidad don Antonio, al mismo tiempo que hacía un movimiento de disgusto.
—Sí traigo, respondió el coronel.
—¿Redactado cual pedí?
—Nada falta en él, señor, tranquilícese usted, respondió el coronel dando una carcajada; ¿por dónde andaría hoy la honradez si no se hubiese refugiado entre nosotros? Cuanto estipuló V. lo ha aceptado y firmado el general Ortega, general en jefe del ejército federal, y lo ha refrendado Juárez, presidente de la república. ¿Está V. satisfecho?
—Cuando haya visto el papel le responderé a usted.
—Ello es lo más fácil del mundo; ahí está, profirió el guerrillero sacando de un bolsillo de su dolmán un ancho pliego y entregándolo a don Antonio.
Éste lo cogió con mal disimulada alegría y le abrió con mano temblorosa.
—Me parece que en este instante le va a ser a V. difícil el leerlo, dijo con zumba don Felipe Neri.