—Tanto más cuanto el clero, que al principio le prometiera su auxilio le ha negado rotundamente su apoyo.
—Pero ¿cómo está V. tan bien informado, señor? preguntó irónicamente el guerrillero.
—¿Olvida V. que estoy agregado a la embajada española?
—Verdad es, se me había olvidado, dispénseme V.; pero vayamos al grano: ¿qué más sabe V.?
—Las filas de los secuaces del presidente se van aclarando más y más; sus más antiguos amigos le abandonan; así es que para rehacerse un poco ante la opinión pública, ha resuelto intentar una salida y atacar al general Berriozábal.
—Toma, toma, toma, bueno es saberlo.
—Ya está V. advertido.
—Gracias; vigilaremos. ¿Sabe V. más?
—Sí: reducido, como ya le dije a V., al último extremo y queriendo proporcionarse dinero a toda costa, Miramón ha tomado por pretexto el robo de la conducta de Laguna Seca, llevada a cabo por los de V.
—Ya sé, interrumpió el coronel, frotándose las manos, yo soy quien llevé a cabo esa negociación; por desgracia, añadió con pesadumbre, tales redadas pueden cantarse con los dedos.