—Está bien, general, le doy a V. las gracias; ya tendré el honor de hablar más extensamente con V. dentro de un instante.
Márquez saludó y se retiró.
—Ya lo ve V., amigo mío, dijo el presidente a don Adolfo, es demasiado tarde para devolver el dinero.
—Sí, por desgracia el mal es irremediable.
—¿Qué me aconseja V.?
—General, respondió don Adolfo, se encuentra V. en el fondo de un precipicio; su ruptura de V. con Inglaterra es la desdicha más grande que podía acaecerle en las presentes circunstancias; necesita V. vencer o morir.
—¡Venceré! exclamó fogosamente Miramón.
—Dios lo quiera, repuso el aventurero con tristeza y levantándose, porque solamente la victoria puede absolverle a V.
Se levantó.
—¿Se va V. ya? preguntó el presidente.