—¿Tiene V. que comunicarme alguna noticia, compadre?
—Una, señor, respondió el mayoral con sonrisa falsa.
—¡Ah! repuso el otro; ¿y qué noticia es esa? ¿buena o mala?
—El Rayo se encuentra más adelante en el camino de Méjico.
Al oír esta revelación el oficial se estremeció imperceptiblemente, pero serenándose al punto, replicó:
—Se equivoca V., compadre.
—Como que le vi como le estoy viendo a usted en este instante.
—Está bien, repuso el oficial, después de uno o dos minutos de meditación; tomaré las precauciones del caso. ¿Y los viajeros que V. conduce...?
—Son unos infelices petates; aparte de dos criados de un conde francés cuyas maletas y cajas llenan por sí solas todo el coche, los demás no merecen que se ocupen en ellos. ¿Tiene V. la intención de visitarles?
—Todavía no lo he decidido; veré, lo reflexionaré.