—¿Quién será? dijo don Jaime avanzando resueltamente hacia el zaguán.

—¡Tío! ¡hermano! gritaron a una las dos damas, intentando detenerle.

—Soltad, dijo don Jaime inmovilizando con una mirada a su hermana y a su sobrina; sepamos quién es. Y llegando hasta la puerta, gritó: ¿Quién vive?

—Amigo, respondieron desde la calle.

—Es la voz de Loick, dijo el aventurero, abriendo la puerta.

—¡Alabado sea Dios! profirió el ranchero entrando y al conocer a don Jaime, pues él hace que dé con V.

—¿Qué ocurre? preguntó con viveza el aventurero.

—Una gran desgracia, respondió Loick, la hacienda del Arenal ha caído en manos de la pandilla de Cuéllar.

—¡Demonios! exclamó don Jaime, palideciendo de cólera. ¿Y desde cuándo?

—Desde hace tres días.