—Mi amigo y yo somos franceses, y, que yo sepa, Francia no está en guerra con Méjico.
—Pero puede llegar día que sí, repuso Cuéllar en son de burla.
—Tal vez, pero ínterin, estamos en paz y tenemos derecho a su protección de V.
—¿No se han batido Vds. contra nosotros?
—Dice V. bien, pero en legítima defensa; desde el momento que nos atacaron, debíamos defendernos.
—Conforme; prosiga V.
—Queremos tener el derecho de llevarnos con nosotros, sobre nuestras mulas, cuanto nos pertenece.
—¿Nada más?
—Poco falta; ¿acepta V. estas condiciones?
—Las acepto.