—Formal.
—Entonces no insisto, pues me consta que cuando toma V. estos humos y frunce el ceño, es inútil machacar.
—¡Ah locuela!
—Pero lo mismo da; sin embargo, me hubiera gustado saber por qué emprendió V. este viaje bajo un nombre supuesto.
—Respecto a esto voy a decírselo a V. de mil amores; mi nombre es demasiado conocido y extendida, por demás, mi fama de hombre rico para aventurarme a ostentarlo por los caminos estando éstos como están infestados de salteadores.
—¿Es ésta la única causa?
—La única, hija mía, y a mi ver bastante poderosa para obligarme a obrar como he obrado.
—Está bien, repuso Dolores moviendo la cabeza con ademán embotijado; y luego, transcurrido un instante, preguntó de improviso: padre, ¿no le parece a V. que el coche va más despacio?
—Tienes razón, respondió el anciano; ¿qué significa esto?
Don Antonio bajó el cristal y sacó la cabeza por la ventanilla, pero nada vio de particular.