En aquel instante la berlina se internaba en el desfiladero de las Cumbres, y la carretera describía tantas revueltas, que la vista no podía extenderse más allá de veinticinco a treinta pasos hacia delante o hacia atrás.

El padre de la dama llamó entonces a uno de los criados que iban a la zaga, y le preguntó:

—¿Qué ocurre, Sánchez? me parece que no andamos tan aprisa.

—Es cierto, señor amo, respondió el interpelado; desde que hemos dejado el llano caminamos más despacio, sin que me explique la causa; los soldados de nuestra escolta parecen estar recelosos, cruzan palabras en voz baja y miran continuamente en torno de sí; es palmario que temen algún peligro.

—¿Acaso intentarían atacarnos los salteadores o los guerrilleros que infestan los caminos? dijo el anciano con mal disimulada zozobra; infórmese V., Sánchez. El sitio estaría bien escogido para una sorpresa; sin embargo, nuestra escolta es numerosa, y a menos que esté en connivencia con los bandidos, dudo que éstos se atrevan a cerrarnos el paso. Vaya V., Sánchez, vaya; interrogue con destreza a los soldados y vuelva para decirme lo que haya sabido.

El criado saludó, tiró de la brida para dejar que se adelantase el coche, y se dispuso a cumplir la comisión que su amo acababa de confiarle; pero casi al punto se reunió de nuevo a don Antonio.

—Estamos perdidos, señor amo, dijo Sánchez con las facciones descompuestas, voz jadeante, que silbaba al pasar por entre sus dientes apretados por el terror, y con el rostro cubierto de palidez cadavérica.

—¡Perdidos! exclamó don Antonio, experimentando una sacudida nerviosa y fijando en su hija, enmudecida por el espanto, una mirada en que se reflejaba todo el amor paternal. ¡Perdidos! V. está loco, Sánchez; a ver, explíquese.

—Es inútil, mi amo, respondió el infeliz con voz entrecortada. Ahí llega el señor don Jesús Domínguez, el jefe de la escolta, quien indudablemente viene a participar a V. lo que ocurre.

—Que venga, repuso don Antonio; por terrible que sea, vale más conocer la realidad que no experimentar una ansiedad semejante.